Bio

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Foto: Beatriz Torres.

La Lá, el hogar musical

Las canciones de La Lá nos describen un mundo que todos conocemos muy bien, la realidad mínima de la intimidad de nuestras casas. Son canciones que parecen invitarnos a hacer una siesta en el sillón, a tomar té mirando por la ventana después del almuerzo.

Como intentando reconstruir todos los elementos disímiles que se agrupan para formar un hogar, su música nos interna en una selva negra de elementos familiares llenos de un poder sorpresivo. Así, la sexualidad, el aceite de cocina, el amor romántico, la maternidad o las frutas de estación se resignifican a través de un discurso cotidiano e inmediato que, evidenciando su fragilidad, paradójicamente, los llena de poder.

Lao Tse escribe "La pura blancura parece manchada", y es en este tipo de contradicciones que radica la gran belleza quieta de las canciones de La Lá. Una cierta tristeza se acumula como una capa de polvo sobre los adornos de porcelana y entre ellos se asoma un horror que también todos conocemos. Un horror privado que ha salido a la luz, denso y desordenado como el cajón de las medias, intercambiando una y otra vez lo que está adentro por lo que está afuera.

La Lá juega con esta compleja narrativa manipulando nuestra percepción de la vida cotidiana, atacándonos con un terrorismo simbólico lleno de amor y belleza que nos enjuicia sin que nos demos cuenta. Inmediatamente asimilamos esta reconstrucción del hogar porque hemos estado ahí, estamos ahí, es una casa abierta.

 

Por: Rodrigo La Hoz